dilluns, 15 de març de 2010

Kevin y Albert


Kevin y Albert eran dos alumnos que necesitaban ayuda. Su estancia en el instituto se hacía cada día más complicada cuando la cap d’Estudis me puso en antecedentes del caso como psicopedagoga de segundo ciclo. Albert, de 15 años, se había declarado homosexual de forma indirecta en su clase. No renegaba de su condición y si era necesario, la defendía con buenas palabras, ese era su talante, ante quien fuera necesario. Por ello, recibía continuas agresiones verbales o desdenes por parte de sus compañeros. Algunas de ellas no eran sólo verbales.

Ambos alumnos compartían el mismo grupo-clase ordinario en algunas asignaturas: música, plástica, educación física, tecnología y tutoría. Albert hacía todas las asignaturas en el grupo ordinario, sus notas avalaban que podría optar al bachillerato. Kevin, en cambio, realizaba el resto de las asignaturas en un grupo adaptado en el que yo era la tutora. Eso fue en tercero. En cuarto, ya el grupo adaptado fue totalmente segregado por decisión del equipo directivo y ambos alumnos dejaron de compartir aulas.

Han pasado algunos años desde entonces pero recuerdo a todos y cada uno de los integrantes del grupo de cuarto como si fuera ayer. Los recordaré siempre. Fue Yolanda, líder afectiva del grupo, quien sacó el tema en hora de tutoría, con su valentía de siempre y su buen hacer nos hizo a todos escuchar que Albert estaba siendo asediado por Kevin. Él lo negaba en voz baja, por aquel entonces era todavía un chulito, un chico guapote que tenía a su alrededor un buen grupo de chicas. Pero no pudo eludir el asunto y tuvo que hablar ante todos, intentó minimizar sus actuaciones: quizá sí que me río porque verás, no se puede hacer otra cosa, pero no es verdad que le pegue en las piernas con una rama de arbusto camino de casa. Y sí, nos reímos, pero no hay nada malo en eso. En ningún momento supo ponerse en el lugar de su compañero como intentó hacerle ver ante todos su amiga, Yolanda.

Y bien, tenía ante mí dos casos paralelos en un solo: bullyng. Estuve con el tema algo más de un curso, atendiendo a los dos alumnos una hora semanal en la que hablamos de sus problemas y necesidades. Al principio hablamos del tema que ocupaba a ambos pero pronto se vio desplazado por otras premuras: lo que había detrás del comportamiento de Kevin hacia Albert y cómo vivía Albert su condición de homosexual. Kevin necesitaba sentirse escuchado. En casa, su hermano mayor más guapo y listo que él, estaba en el centro de atención, no se sentía querido en su casa y sufría por ello. Albert estaba en el caso opuesto sus padres eran ultra conservadores pero sabían mostrarle a su único hijo su afecto, aunque no aceptaron en un principio su condición.

Al acabar cuarto marché del instituto. Unas semanas antes había tenido varias conversaciones intensas con Albert. Se sinceró del todo y reconoció que se había comportado muy mal con sus padres, que no había sabido devolverles el cariño que le dieron porque no aceptaron su condición. Se debatía entre estudiar seriamente una carrera o banalizar el tema con cursos múltiples en un intento de retrasar una decisión que no se encontraba en situación de poder decidir.

Por aquellas fechas también hablé con la madre de Kevin. Lo había hecho varias veces a lo largo del proceso. Siempre se negó a reconocer que su hijo fuera capaz de asediar a nadie, pero esta vez reconocí en su gesto, en sus ojos, el agradecimiento: había recuperado a su hijo. El último día de clase con mi grupo hablamos informalmente, recogimos los dossieres y de pronto vi a Kevin que estaba escribiendo en la pizarra: “gracias por escuchar, gracias por querernos, gracias por estar siempre ahí”. Es lo más bonito que me habían dicho en mucho tiempo…
Sunflower from Victor Martins on Vimeo.